Pasión

Lo que empezó como un destello de Rosso Corsa por los bulevares de Seúl se convirtió en pasión para toda la vida para este propietario del Cavallino Rampante y corredor del Challenge que sueña con la Finali Mondiali
Texto: Jay Park / Fotografía: Cuttergun

Hay algo en los coches de Ferrari que siempre deja huella, algo que los hace inolvidables. En Corea del Sur no conozco a ningún propietario de un Ferrari en nuestro Owners Club —del que soy presidente— que no recuerde el primer coche que vio del Cavallino Rampante. 


En mi caso, era un niño cuando un Ferrari 360 Modena Rosso Corsa pasó junto a mí por las calles de Seúl, la ciudad en la que he vivido toda la vida. No solo me llamó la atención la belleza de las líneas, también el impresionante sonido. Me enamoré enseguida de Ferrari y desde entonces soñé con tener uno algún día.


La fascinación de Jay Park por Ferrari comenzó cuando un Rosso Corsa 360 Modena pasó junto a él por las calles de Seúl, la ciudad en la que ha vivido toda su vida

Pues bien, ese día llegó hace unos 10 años, cuando compré mi primer Ferrari, un 458 Italia de segunda mano. Es curioso lo de este coche: Había conducido ese mismo modelo la primera vez que visité Maranello, no mucho antes. Por eso, cuando me puse al volante para hacer una prueba en Seúl, sentí un poco que el destino nos había unido. 


Para hacer las cosas aún más especiales, mi primera «cita» con el 458 tuvo lugar por la noche. Me gustó tanto el coche que lo compré enseguida. Esa vuelta de prueba es una de las experiencias mejores, más emocionantes e inolvidables de mi vida.


Aunque ya he dejado atrás ese modelo, ocupa un lugar especial en mi corazón, también porque fue el primero que mi mujer y yo llevamos a conducir juntos. Fuimos a la ciudad de Gyeongju, a poco más de 300 km al sureste de Seúl. Mi mujer conducía bastante rápido y nunca olvidaré su sonrisa de disfrute al volante. 


Jay ha pedido un SF90 Spider y un 812 GTS para disfrutar en los eventos del club y en los Track Days

Ahora tiene su propio Ferrari, un GTC4Lusso T, que conduce todo lo posible, prácticamente todos los días. Yo no puedo conducir el mío, un 488 Pista Piloti —el primero de esta clase en Corea del Sur—, todo lo que me gustaría.


Esto es algo que espero cambiar pronto, ya que tengo encargados otros dos Ferrari: un SF90 Spider y un 812 GTS. Por ahora, me pongo al volante de mi Cavallino Rampante sobre todo en los eventos del club de propietarios y en los Track Days. Pero disfruto de las salidas que hacemos mi mujer y yo los fines de semana. Las llamamos nuestro Taegeukgi, «día de la bandera nacional», porque nuestros coches —el suyo es de color azul Abu Dhabi, el mío de color Rosso Corsa— tienen los dos colores de nuestra bandera nacional, azul y rojo. Y cada uno de nuestros coches Ferrari tiene un nombre: el suyo es Lulú, el mío Lolo. 


La pasión de Jay lo lleva por todo el mundo, desde los Track Days en el hielo de Nueva Zelanda hasta ocasiones como esta, el Universo Ferrari en Maranello en 2019

Mi mujer y yo hemos participado juntos en muchos eventos divertidos, como el Corso Pilota on Ice en Nueva Zelanda —donde fuimos a conducir sobre hielo con coches Ferrari GTC4Lusso cedidos por Ferrari Nueva Zelanda— y Universo Ferrari en Maranello en 2019. Qué recuerdos...


También participo en el Ferrari Challenge desde 2019. En mi primera carrera, en Melbourne 2019, conseguí la pole, lo que me hizo avanzar inmediatamente de la clase Coppa Shell AM a la Coppa Shell. Para mí, el premio máximo sería ganar la Finali Mondiali en Italia. Pero eso es un sueño. Por otra parte, también lo es toda mi historia con Ferrari: una historia de sueños que se hacen realidad.