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Un affaire francés

31 dicembre 2019

Alessandro Giudice

Fue amor a primera vista. Claude Foussier acababa de ver el Ferrari 250 GT Berlinetta en un showroom de París. Quedó tan cautivado que decidió personalizar el coche y se anticipaba así a lo que años más tarde sería el programa Tailor Made


En septiembre de 1960, Claude Foussier entró en un elegante concesionario del distrito 17 de París. Estaba buscando algo especial y, cuando su mirada se posó sobre un magnífico 250 Berlinetta de batalla corta (SWB), fue amor a primera vista. Las líneas asombrosamente puras y proporcionadas del coche quedaban perfectamente subrayadas por una pintura roja que transmitía una sensación única de potencia y personalidad. 

Conteniendo el aliento, Monsieur Foussier dio una vuelta alrededor del coche concentrándose en los aspectos técnicos y el diseño. Su pasión no flaqueó ni siquiera cuando tuvo que embutirse a presión tras el volante del pequeño bólido. Para un hombre de su constitución (Foussier era muy alto y pesaba casi 100 kg), el Ferrari parecía más un prototipo de deportivo que un gran turismo. Pero Donald Sleator, propietario del showroom junto con su padre Walter, aseguró a Foussier que Ferrari lo arreglaría todo en Maranello.

Como concesionario de roadsters exclusivos, los Sleators estaban muy acostumbrados a trabajar con clientes exigentes que querían exclusividad en sus vehículos personalizados y buscaban constantemente formas de hacerlos únicos. Este era el caso este cliente francés de 35 años, campeón de tiro al plato y primer distribuidor de Coca-Cola en Francia. Aunque compró su 250 berlinetta en ese momento (carrocería de acero, motor de competición y diferencial de deslizamiento limitado 9/34), Foussier pasó un mes pensando y perfeccionando los detalles. 

Eligió el verde Pimlico n.º 12040 para la carrocería y una muestra de cuero de color rojo púrpura, idéntico al rojo VM 3110 del cuero Connolly, para los acabados del interior (aunque finalmente optaría por el negro). A pesar de que la mayoría de las especificaciones parecían estar decididas, Monsieur Foussier se obsesionó tanto con el 2283GT (número de chasis de su nuevo berlinetta) que acabó por viajar a Modena, a la planta de carrocerías Scaglietti, donde, atendido por el Señor Sergio en persona, eligió los acabados que deseaba para su querido Ferrari.

La personalización empezó por bajar los asientos “tanto como fue posible” y alargar la columna de la dirección cinco centímetros para dar cabida a una persona de las dimensiones de Foussier. Otras modificaciones incluían seis ranuras (tres a cada lado) en la parte superior del capó para facilitar la ventilación del gran motor de 12 cilindros y otras dos ranuras adaptadas del anterior 250 GT Berlinetta ‘Tour de France’ en los pilares C para ventilar el habitáculo. 

Por último, pero desde luego no menos importante, el auténtico golpe de efecto: una franja longitudinal negra en el centro de la carrocería flanqueada por otras dos franjas pequeñas también negras, el toque final que lo convertiría en un modelo único para siempre. Este fue el vehículo que llegó a Ferrari Classiche, cuyo equipo llevó a cabo una meticulosa restauración que preservaba la preciosa pátina y la originalidad de un coche que seguía siendo exactamente tal y como salió de fábrica.

Eso era precisamente lo que el propietario actual quería y, con ello, mantenía una tradición de más de seis décadas que hoy se lleva a cabo a través del programa Tailor Made de Ferrari, reservado también a los clientes más selectos de la marca.

 

 

31 dicembre, 2019