Pasión

La ruta Tokaido, que se remonta a la antigüedad, cuando los creyentes la seguían hasta el Gran Santuario cerca de Suzuka, ha ejercido durante mucho tiempo una especial fascinación sobre los viajeros japoneses. Este verano, decenas de ferraristas partieron de Tokio hacia el oeste para rendir su propio homenaje
Texto: Jun Nishikawa

El viaje desde Tokio, la extensa capital de Japón, hasta Suzuka es de aproximadamente 400 kilómetros. Incluso en las notoriamente congestionadas autopistas japonesas, donde los grandes camiones a menudo permanecen de forma exasperante en el carril de adelantamiento y donde hay un límite de velocidad relativamente modesto de 100 kilómetros por hora, es una ruta que hoy en día puede cubrirse en cuatro horas en coche.

Mire cómo decenas de hermosos Ferrari recorren la antigua ruta de Tokaido a Suzuka, un viaje realizado durante miles de años

Sin embargo, en el tradicional periodo Edo —1603-1867—, cruzar Japón de este a oeste no era una hazaña tan fácil. Dirigirse al oeste por la antigua ruta Tokaido seguía siendo un sueño para muchos japoneses, un acontecimiento que adquiría el carácter de una especie de peregrinación dado que al sur de Suzuka se encontraba el Gran Santuario —Ise Jingu— que albergaba a Amaterasu, la deidad ancestral de la Casa Imperial.


Por ello, puede afirmarse que, para los japoneses, viajar hacia el oeste desde Tokio siempre ha tenido un significado especial. Las actuales rutas modernas a Suzuka coinciden perfectamente con las del pasado. Todo ello significa que, para los ferraristas japoneses, el viaje al circuito de Suzuka, donde se celebran las carreras de Fórmula 1 del país, también adquiere un significado especial.


Así pues, en una soleada mañana de finales de junio, unos 77 orgullosos conductores, deseosos de partir hacia el oeste por la famosa ruta Tokaido, reunieron sus Cavallinos Rampantes en Tokio.


77 Ferraris diferentes hicieron el viaje al circuito de Suzuka, donde se disputan las carreras del Gran Premio de Fórmula Uno de Japón

El punto de partida de este moderno peregrinaje sobre cuatro ruedas fue el Tokyo Prince Hotel, contiguo al templo Zojoji, el santuario familiar de los shogunes Tokugawa, situado en un paisaje único y simbólico con edificios de gran altura y vistas a la Torre de Tokio. Los ferraristas salieron del aparcamiento del hotel en grupos, rodearon primero el Palacio Imperial y después se dirigieron a la salida a la autopista metropolitana.


Esta autovía nos alejó de la capital y nos llevó a la autopista Tomei. Tras atravesar un tráfico moderado, entramos en una zona montañosa cuyas carreteras eran perfectas para nuestros ferraristas, ya que ofrecían tanto curvas suaves como de alta velocidad.

Fue una experiencia de ensueño encontrarnos entre una flota de coches de colores, intercambiando miradas con otros ferraristas, todos emocionados por compartir nuestro amor por la marca. La majestuosidad del hermoso monte Fuji se alzaba teatralmente frente a nosotros. Al cabo de un rato, la montaña más famosa de Japón apareció a nuestra derecha y tuvimos la impresión de estar serpenteando por su falda.


La montañosa autopista Tomei, muy bien mantenida, tiene el límite de velocidad más alto de Japón, lo que nos permitió circular a 120 km/h. Los motores de Maranello se limitaron a ronronear. Pero el ronroneo del motor en la séptima o, más recientemente, en la octava marcha también es excepcional. El placer auditivo de un gran motor no se experimenta únicamente al acelerar a fondo. El conductor también puede disfrutar circulando a un par de miles de revoluciones.


Gracias a las carreteras a lo largo de la ruta que tienen los límites de velocidad más altos permitidos en Japón, la procesión pudo aprovechar al máximo los motores V12

Ahora pudimos deleitarnos con la vista encantadora de las pulcras plantaciones de té y los campos de mandarinas al borde de la carretera, tan típicos de la región, mientras disfrutábamos atravesando la región de Tokai, que constituye una gran parte del trayecto hasta el circuito de Suzuka.


Tras entrar en la autovía costera de la bahía de Ise desde la nueva autopista Tomei, nuestro enorme grupo de Ferraris contempló desde arriba un grupo de fábricas antes de cruzar el enorme puerto para llegar a la prefectura de Mie, zona donde se encuentra el circuito de Suzuka.


La historia de la ciudad de Suzuka es tan remota que su nombre aparece incluso en Las Crónicas de Japón, el libro de historia más antiguo del país, publicado en el año 720. Durante el fin de semana de este maravilloso viaje, el circuito de Suzuka acogió los «Ferrari Racing Days», un asombroso evento en el que participaron un total de 500 Cavallinos Rampantes, incluidos los 77 coches que habían formado parte de nuestro peregrinaje de Tokio a Suzuka, sumamente placentero.