Carreras

David Piper, la leyenda del automovilismo británico, es un hombre que siempre ha vivido la vida en sus propios términos, incluso pilotando sus Ferraris en un color diferente al Rosso Corsa. Esta es su historia
Texto: Jason Barlow

La frase «ya no los hacen así» podría haber sido acuñada para describir a David Piper. ¿Por dónde empezar con este hombre extraordinario e infatigable, una figura que encarna el esprit de corps único e irrepetible existente entre los pilotos de carreras y los corredores independientes de la época? 


Bueno, para empezar, su relación con Ferrari es extremadamente fuerte. Tras conducir, negociar, adquirir y vender Lancias de segunda mano, acumuló suficiente dinero para comprar su primer Ferrari a principios de los años sesenta.


Recuerda haber visto un 250 GTO en la célebre reunión del lunes de Pascua de Goodwood, en 1962. Buscó al importador de Ferrari en el Reino Unido, el coronel Ronnie Hoare, otro personaje excepcional, y rápidamente realizó un pedido. Se quedó con el chasis número 3767 de Maranello y lo hizo correr en Brands Hatch, la TT de Goodwood, Crystal Palace y el Tour de Francia (tras lo cual obtuvo el respaldo de la fábrica de Ferrari). 


La elección inusual de Piper de verde para sus caballos encabritados se produjo después de que expiró un acuerdo de patrocinio con Esso, lo que lo llevó a aceptar un acuerdo con BP y su librea. «Me gustaba elegir un color y quedarme con él», señala

Piper también corrió para la renombrada NART de Luigi Chinetti en Le Mans, en 1963, copilotando con Masten Gregory un 250 GTO LMB. A pesar de la incursión de este último en la arena en la recta de Mulsanne, terminaron sextos en la general y así ese año completaron un top seis de Ferrari.  

Luego llegó el segundo GTO de Piper, un coche que modificó personalmente recortando el parabrisas, bajando el techo y ajustando el V12 del Ferrari. Al parecer, Lorenzo Bandini, piloto oficial de la marca, lo proclamó el GTO más rápido del mundo. El director técnico, el difunto Mauro Forghieri, no podía estar más de acuerdo. 

Piper pasó a un 250 LM, el Ferrari preceptivo del momento, y continuó compitiendo en un apabullante número de carreras, también a menudo al volante de Ferraris 365 P2 y 330 P3/4. 

Piper, por supuesto, también destacaba por sus coches de carreras pintados de verde. Cabría pensar que es solo un color, pero ver su 250 LM o 330 P3/4 en lo que llegó a conocerse como «verde Piper» sigue siendo un poderoso asalto a los sentidos. Estamos tan acostumbrados a ver los Ferraris pintados de rojo... Su color característico surgió cuando su antiguo patrocinador, Esso, no pudo seguir financiándole tras la crisis de Suez —que, entre otras cosas, provocó una escasez de petróleo en el Reino Unido—, así que se pasó al verde de BP. «Me gustaba elegir un color y quedarme con él», señala. 


Piper era tan fanático de los Ferrari de carreras de principios de la década de 1960 que los pedía a Italia, los modificaba él mismo y luego los competía con gran éxito. Un piloto de Ferrari describió el 250 GTO de Piper como el más rápido del mundo

La suya es una historia de talento, autoestima y oportunismo. Fracasado confeso en la educación tradicional, Piper trabajaba en el campo cuando vio un viejo MG en un garaje de la explotación de un cliente y se apresuró a entrar en él. Al igual que muchos grandes pilotos de los años cincuenta, los éxitos en las carreras de clubes pronto le hicieron destacar. Fue visto por el futuro campeón mundial de Fórmula 1 de Ferrari, Mike Hawthorn, tras ganar el Trofeo Leinster en Irlanda. 

Y así comenzó una vida de aventuras automovilísticas tan variopintas que cuesta creer que todo haya sucedido de verdad. Tan solo un ejemplo: la carrera francesa de carretera en Etienne de 1957. «El circuito bajaba por un lado de una autovía y subía por el otro. Iba rueda a rueda con un Osca bajo la lluvia y me empujó por la mediana. Mi coche volcó ante el tráfico de sentido contrario y se incendió. Cuando abrí los ojos, estaba rodeado de figuras encapuchadas y vestidas de negro, así que pensé que había despertado en el otro lado, pero estaba en el hospital local atendido por monjas. Adrian Conan Doyle, hijo del autor de Sherlock Holmes, se estrelló con su Ferrari en la carrera y estuvo brevemente en el mismo hospital, por lo que me pudo devolver un par de gafas RAF Mk 8 que le había prestado».


Piper se ve aquí en Silverstone en 1967, conduciendo su Ferrari 250 LM a través del grupo, con los faros encendidos y destellando para advertir a los conductores más lentos y siendo perseguido por un Ford GT40

Piper se lesionó gravemente mientras rodaba una secuencia para la célebre pero complicada película de Steve McQueen (I)Le Mans(I), en 1970. Como resultado le fue amputada la parte inferior de la pierna derecha, pero ni siquiera eso lo frenó; aprendió a frenar con el pie izquierdo y volvió a competir seis meses después. A lo largo de los años, ha tenido, según recuerda, cinco GTO nuevos y dos usados. Además, por él han pasado al menos seis 250 LM. A sus 91 años, sigue teniendo uno, así como un P2 y un 330 P3. 

Y sí, todos son verdes.