Pasión

Enzo Ferrari dijo una vez: «Pídele a un niño que dibuje un coche, seguro que lo dibujará rojo». Nuestra nueva mirada exclusiva al interior de la fábrica explora cómo un Cavallino Rampante obtiene su color
Texto: Ross Brown
Montaje: Rowan Jacobs

Tras 75 años de innovación, la fábrica de Maranello está diseñada para ofrecer algunas de las máquinas de conducción más tecnológicamente avanzadas del mundo. Pero, a pesar de las complejidades del software que conlleva cada nuevo Cavallino Rampante, hay algo que ha permanecido constante durante tres cuartos de siglo: Los Ferraris vienen en rojo. 


En realidad, puedes pedir tu Ferrari en casi cualquier color que desees. La innovación no ha escapado a la pintura al agua, y ahora los clientes pueden elegir entre opciones externas casi ilimitadas. Y eso antes de tener en cuenta si es mate o brillante, y que un mismo coche puede presentar varios colores.


El paso de un Ferrari por el taller de pintura consta de 21 etapas, desde la entrega inicial hasta el coche totalmente pintado, aunque este proceso es algo más largo si el cliente elige una librea especial. 


Echa un vistazo exclusivo al taller de pintura de Maranello

El chasis comienza con un desengrasado a fondo para limpiar las superficies, antes de ser preparado para una inmersión en un baño de cataforesis para protegerlo de la corrosión en el futuro. Tras la inmersión en la bañera de cataforesis, el equipo se pone a trabajar, con robots y humanos trabajando codo con codo. 


Los robots tienen un papel inestimable, pero el toque humano es una parte crucial de la línea de producción. La aplicación de la capa base interna, por ejemplo, se aplica manualmente en zonas a las que los robots no pueden acceder: el ojo humano puede ver cosas que el robot no puede. 


Es este trabajo en equipo el que garantiza que un chasis pueda pasar por dos estaciones automáticas y salir totalmente pintado en 22 minutos (11 minutos por estación). Un solo Ferrari rojo necesitará 4 kilos de pintura, aunque el volumen varía según el color: los tonos metálicos utilizan un poco menos, mientras que el negro utiliza un poco más. Una vez pintado, un ordenador recoge los datos de entre diez y doce puntos distintos del coche para garantizar que el color sea correcto en todo el chasis. 


El proceso de personalización sigue basándose en principios artesanales. No hay pegatinas en la carrocería; se aplica cinta adhesiva para proteger la pintura y, a continuación, se aplica la pintura a mano. Es un trabajo complicado: la librea cubrirá todo el coche, a menudo con varios colores y materiales como la fibra de carbono, y el equipo tardará unas seis horas en completarla.


Una vez terminados, los coches se llevan al almacén, completando un proceso único dentro de la fábrica que -al menos en principio- ha permanecido constante durante 75 años.