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Elegancia aristocrática

Este singular 250 GT Boano, una de las primeras y más bonitas colaboraciones de PininFarina y Ferrari, comenzó su andadura de la mano de un aristócrata parisino, allá por 1956. Tras una minuciosa labor de restauración de cuatro años, el Departamento Classiche le ha devuelto todo su esplendor
Texto: Alessandro Giudice / Fotos: Andrea Ceccarelli

Elegancia impecable, expresada a través de una pureza casi minimalista, con un magnífico equilibrio formal. El 250 GT carrozado por Boano, en 1956, fue una osada declaración de intenciones de Battista «Pinin» Farina, presagiando lo que se convertiría en una relación casi simbiótica entre este diseñador y Enzo Ferrari, y que haría que la excelencia técnica de estos coches terminara expresándose a través de un estilo de diseño esencial.

Esta colaboración creativa comenzó en 1951 durante un encuentro, ya legendario, en una trattoria de la modesta localidad de Tortona. Allí fue donde estos dos hombres sentaron las bases de una alianza destinada a formar parte de la historia del automóvil. El 250 GT Boano es el resultado de una combinación perfecta de las formas estilizadas, que evocan un Gran Turismo destinado a una clientela sofisticada, y las características técnicas y las prestaciones de un coche de carreras. 


Los flancos verticales y las alas estrechas y sin ensanchar del 250 GT Boano le dan al morro del automóvil un aspecto alto y permiten una parrilla ovalada lo suficientemente ancha como para acomodar dos focos suplementarios

Con el 250 GT, en 1956, el prestigioso carrocero hizo su primera incursión en el mundo de la producción en serie, entendiendo por "en serie" un lote de unos ochenta ejemplares prácticamente idénticos. En aquella época, era una cifra inaudita para los deportivos de altas prestaciones, que generalmente se denominaban "especiales" debido a la reducida cantidad de ejemplares que se producían. Como tenía otros compromisos y no podía montar una línea de montaje adecuada con la rapidez suficiente, Pinin Farina decidió recurrir a Mario Boano, un ex diseñador suyo, que en aquel momento trabajaba con Luciano Pollo fabricando carrocerías para distintos fabricantes de automóviles. De ahí surgió el apodo "Boano", una forma práctica de distinguir a este Ferrari de los demás. 

Unir los alerones delantero y trasero del 250 GT Boano con una sola línea (un hombro paralelo al suelo desde los faros hasta las dos aletas de bordes suaves en la parte trasera) dio como resultado una silueta particularmente elegante del automóvil

Desde el punto de vista del estilo, el 250 GT Boano es un coupé "notchback" de tres volúmenes con una parte trasera bastante pronunciada, que hace que el coche parezca más largo de lo que es en realidad. La solución estilística de unir los pasos de rueda delantero y trasero con una sola línea confiere al coche una elegancia inusual en su género, mientras que la amplia superficie acristalada cuenta con grandes cristales y esbeltos pilares, que crean un ambiente luminoso y aireado en el habitáculo. En definitiva, un Ferrari en toda regla para el cliente que aprecia la belleza. El barón Élie de Rothschild, el primer propietario del coche, era precisamente una de esas personas. En especial, este ejemplar se distingue por la línea estampada en el flanco que sube hasta el guardabarros trasero, inmediatamente detrás del tirador de la puerta. Un toque musculoso del diseño inicial de Pinin Farina que, después, se eliminó en los siguientes modelos "Boano" para dar paso a una línea de hombros ininterrumpida. 

De izquierda a derecha: la restauración de cuatro años del 250 GT Boano, llevada a cabo por los expertos de Ferrari Classiche, involucró todos los aspectos del automóvil, incluida la carrocería, el motor y la transmisión, así como una multitud de detalles más pequeños

Otra característica exclusiva eran los tres radios de aluminio del volante y el aro de madera pulida. El coupé que encargó el barón de Rothschild también tenía otra característica inusual: Tenía el mismo número de chasis (0367 GT) que el anterior Ferrari de este banquero parisino.

Para evitar el complicado papeleo y no tener que volver a pagar los impuestos de matriculación, los dueños solían pedir a Ferrari que utilizara el mismo número de chasis que el de un coche anterior. De esta manera, bastaba con actualizar los documentos de matriculación introduciendo los datos del nuevo motor y la nueva carrocería. En este caso, el barón de Rothschild pidió a Ferrari que sustituyera el número de chasis de su nuevo "Boano" (0511 GT) por el del 250 GT "Europa" que había comprado dos años antes, en octubre de 1954. El nuevo número de chasis fue troquelado en el chasis directamente en fábrica, como acredita la documentación de época descubierta recientemente durante la restauración a fondo llevada a cabo por los expertos de Ferrari Classiche a petición del nuevo propietario del coche, un discreto hombre de negocios suizo. 


Una vez completamente restaurado, el 250 GT Boano tenía exactamente el mismo aspecto que el día, en 1956, en que fue entregado al barón Élie de Rothschild en París

El proyecto de restauración, que duró cuatro años, abarcó todos los aspectos del coche, desde la carrocería hasta el chasis, pasando por el motor y la transmisión, para descubrir un eje trasero y un diferencial originales perfectamente conservados. La caja de cambios es uno de los raros ejemplares "Boano" que lleva un patrón de cambio de marchas en el que la primera está situada arriba a la derecha. Esta meticulosa restauración ha devuelto al coche todo su esplendor original. Y luce como el día en que se entregó a su primer dueño, en París, con una fascinante pintura gris pastel y uno s faros, inconfundiblemente franceses, de color amarillo.