Passion

Campeones y personalidades del ayer y el hoy de la Fórmula 1 se reúnen en Maranello con motivo de la reapertura del histórico restaurante bajo una nueva dirección

Gran inauguración del legendario Cavallino

Campeones y personalidades del ayer y el hoy de la Fórmula 1 se reúnen en Maranello con motivo de la reapertura del histórico restaurante bajo una nueva dirección
El pasado, el presente y el futuro de Ferrari se reunieron en Maranello el martes 13 de julio para la gran reapertura del legendario Ristorante Cavallino. De hecho, el presidente John Elkann y el vicepresidente Piero Ferrari invitaron a Maranello para la ocasión al mayor número posible de protagonistas de la singular historia de Ferrari.

Así, durante el evento, los pilotos de los años 70 y 80 Jody Scheckter, Jacky Ickx, Arturo Merzario, René Arnoux y Gerhard Berger se codearon en el jardín del restaurante con Charles Leclerc y Carlos Sainz, actuales titulares de la Scuderia, así como con uno de los jóvenes talentos que podrían formar parte de su futuro, el ruso Robert Shwartzman, de la Ferrari Driver Academy.
La vieja guardia recordaba perfectamente lo que era y significaba el Cavallino y no guardó para sí las anécdotas sobre el restaurante: «En mi época, el gerente se llamaba Atos», evoca René Arnoux. «Gilles Villeneuve era uno de mis mejores amigos y me invitaba a Maranello siempre que estaba en Italia. Íbamos al Cavallino y, a mitad de la cena, invadíamos la cocina, quizá para hacernos con otro plato de tortellini. Gilles cogía una cacerola y empezaba a dar golpes con un cucharón. Didier y yo llamábamos a Atos y le decíamos que no estábamos contentos con la comida, pero era solo una excusa para repetir...».
Jacky Ickx asocia el Cavallino a Enzo Ferrari y solo a Enzo Ferrari: «Este lugar era un poco como su refugio. A veces te llamaba y quedaba contigo en el restaurante. Cuando eso ocurría, sabías que se trataba de algo serio: siempre era para hablar de un coche nuevo, de un piloto que quizá se iba a incorporar o de qué se podía hacer para solucionar un problema de rendimiento», rememora el piloto belga.

«Este restaurante formaba parte de él hasta tal punto que, incluso después de su fallecimiento, la silla de Enzo quedó vacía en el comedor privado, donde todavía sigue, ahora con su nombre. Recuerdo que en 1994 me reuní con Jean Todt en el Cavallino y la silla estaba allí sin que nadie se sentara en ella».
«El nuevo restaurante es maravilloso. Ha experimentado una evolución increíble conservando su sentido de la tradición. La única diferencia es que entonces era una simple osteria y ahora es una trattoria de alto nivel: todo está cuidado hasta el último detalle y la elegancia es lo primero».

Charles y Carlos estaban fascinados con las anécdotas de sus predecesores y sonreían e intercambiaban miradas de vez en cuando. Tan pronto reían como se sorprendían con aquellas historias de una Fórmula 1 que ya no existe pero que gustó recordar entre las paredes de este restaurante, ahora bajo la dirección de Massimo Bottura, ganador de varias estrellas Michelin, que sigue conservando el mismo ambiente hogareño que cuando los pilotos lo utilizaban como lugar de reunión durante su época de aventuras en Maranello.