Pasión

El restaurante Cavallino, situado frente al portón de la fábrica de Ferrari, vuelve a abrir sus puertas tras una profunda renovación. Es la historia de una antigua granja y su establo anexo que se convirtió en un restaurante famoso por tener a Enzo Ferrari de comensal todos los días y que entró a formar parte de la leyenda del Cavallino Rampante
Texto – Kevin M Buckley

Tras una mañana de trabajo debatiendo sobre aerodinámica con los diseñadores de los coches o revisando información sobre las últimas pruebas de los motores de Fórmula 1 con los ingenieros, Enzo Ferrari solía salir caminando por el famoso portón de la fábrica. amous factory gates.

Para ir a almorzar.
Como era un hombre de costumbres, jamás iba muy lejos, cruzaba la calle para ir desde el número 4 de Via Abetone Inferiore hasta el número 1. Allí, se refugiaba en su local favorito, el Ristorante Cavallino. Eso significaba que eran las 12.30, en punto.

Antes de abrir al público, en 1950, con el nombre de restaurante Cavallino, esta antigua granja y su establo anexo era el comedor de los trabajadores de Ferrari. El mobiliario era sencillo y rústico, y el menú estaba especializado en esos platos e ingredientes que hacen de Emilia-Romagna una excelencia de la cocina italiana. y así fue como los coches rápidos descubrieron el «slow food».

Con el paso de los años, el restaurante entró a formar parte de la cultura de Ferrari, tanto como Fiorano o la Fórmula 1. Y, para Enzo, se convirtió en una especie de cucina personale – donde podía disfrutar de sus platos favoritos sintiéndose como en casa.

El restaurante Cavallino, una antigua granja y su establo anexo, era sencillo y rústico, con sillas de madera de respaldo alto, mesas cuadradas, vigas de madera a la vista y paredes encaladas

Al poco tiempo, había una saletta reservada exclusivamente para él. El fundador de Ferrari se retiraba todos los días en esta pequeña sala, una especie de sancta sanctorum, sentado de espaldas a la pared, frente a la angosta entrada cubierta por una cortina para darle mayor privacidad.

En los días laborales, iba acompañado de los directivos de Ferrari y, en ocasiones, de los pilotos. La idea de que alguien tuviera que traducir las conversaciones durante la comida le molestaba, así que los invitados no italianos —incluidos los piloti – de la Scuderia— tenían que apañárselas para seguir el ritmo de la conversación.

Los sábados estaba prohibido hablar de coches. Enzo reservaba esos momentos para estar con el grupo de gli amici di sabato es decir, los amigos del sábado. Los almuerzos con esta media docena de allegados estaban consagrados a disfrutar de los platos tradicionales, a hablar de la familia y a mantener animadas conversaciones sobre la vida en general. Al más puro estilo italiano.

Enzo Ferrari (esquina trasera) cenando en el Ristorante Cavallino, en 1966, con sus compañeros. Una cena organizada para agradecer al equipo la extraordinaria labor realizada de cara a la carrera de los 1000 km de Nürburgring.

De izquierda a derecha, empezando por Enzo Ferrari:
Ing. Giancarlo Bussi (responsable de las pruebas de los motores), Walter Salvarani (responsable de la caja de cambios), Giulio Borsari (jefe de mecánicos) y Franco Gozzi, parcialmente oculto, (jefe del gabinete de prensa)

El Cavallino también se convirtió en el lugar perfecto para cenar con los clientes más célebres de la marca. El director de cine Roberto Rossellini fue uno de sus invitados ya en 1953, cuando llegó a Maranello para elegir personalmente el Ferrari 212 Inter Coupé —con carrocería de PininFarina— que compró para su esposa, la actriz de cine sueca Ingrid Bergman.

A partir de entonces, por esa modesta saletta desfilaron numerosas celebridades tanto del mundo de las carreras como de otros ámbitos, como Paul Newman, el Sha de Persia y Peter Sellers. Y la lista de comensales no termina ahí...

«Son muchos los famosos que han desfilado por el Cavallino: actores, campeones del mundo del deporte, miembros de la nobleza y de la realeza», cuenta Piero Ferrari, vicepresidente de Ferrari. «Y también se ha escrito mucha historia de la Fórmula 1. Por ejemplo, aquí fue donde, en 1981, Bernie Ecclestone y Jean-Marie Balestre sentaron las bases del llamado "Pacto de la Concordia" de la Fórmula 1, que se firmó ese mismo año en París, en la Plaza de la Concordia.»

Entre su clientela también había piloti del pasado y del presente, como Niki Lauda, Gilles Villeneuve, Nigel Mansell y Michael Schumacher, que solían deleitarse con un menú que era todo un cargo de conciencia para sus estrictas dietas de deportistas.

En cuanto a Enzo, se le conocía por estos lares por ser una persona de buen comer o una buona forchetta como dicen los italianos . Y el menú del Cavallino estaba repleto de platos tradicionales. Enzo, oriundo de Módena, prefería los tortelli in burro e salvia (tortelli in butter and sage), (tortellinis con mantequilla y salvia), seguidos del risotto con parmesano, procedente de la cercana ciudad de Parma. En invierno no podía faltar el bollito misto, un cocido preparado con diferentes tipos de carne.

La colaboración entre el chef Massimo Bottura y la arquitecta India Mahdavi ha devuelto la modernidad a la trattoria y le ha infundido una nueva identidad

Con el paso de los años, las paredes del restaurante se fueron engalanando cada vez más. Y el restaurante se convirtió en lugar de culto para los aficionados a las carreras, que no solo acudían para degustar su excelente comida. La decoración del interior fue creciendo hasta incluir cascos originales de grandes pilotos como Schumacher y motores V12 Ferrari de carretera y de otros tipos.

Para celebrar su 90 cumpleaños, Enzo Ferrari dio un gran almuerzo en la fábrica, al que asistieron más de mil quinientos empleados en activo y jubilados, y el restaurante el Cavallino se encargó del catering. En esa ocasión, toda la línea de producción de los motores de ocho cilindros se paró durante un día para decorarla como si fuera el restaurante.

Tras la muerte de Enzo, en 1988, el restaurante mantuvo la saletta privada intacta y, en su honor, jamás se volvió a utilizar.

El restaurante Cavallino presenta la tradición italiana desde una perspectiva contemporánea más que nostálgica; aquí el Cotechino alla Rossini se corona con una trufa mineral y una salsa de cereza negra de Módena para endulzar el paladar

Ahora comienza un nuevo capítulo en la historia del Cavallino, gracias a la colaboración entre el chef Massimo Bottura y la arquitecta India Mahdavi. Massimo Bottura, nacido y criado en Módena, describe el remozado Cavallino como «una nueva visión y una nueva forma de dar vida a la cocina de Módena». Una revisitación de la historia y de la identidad de la zona en clave contemporánea, para rescatar lo mejor del pasado en los sabores del presente y el futuro.

Una nueva fachada roja adorna el antiguo edificio de la granja y, en su interior, India Mahdavi ha jugado con los elementos decorativos tradicionales de la trattoria italiana. El suelo luce las tradicionales baldosas de terracota, las paredes están revestidas de madera de roble. Obviamente, también hay fotografías, pósteres, recuerdos y curiosidades, pero el mobiliario hecho a medida y la interpretación pixelada del logotipo del Cavallino Rampante confieren una identidad única al restaurante.

Ya abierto para las reservas, el Ristorante Cavallino ofrece a todos la posibilidad de formar parte del universo Ferrari, de respirar el mismo ambiente y de celebrar las delicias de un estilo de vida italiano.